Hasta hace un par de horas, era la persona más sombría que un lunes en la madrugada (en ese entonces, domingo), podría tener. Como estaba tan aburrida y el insomnio me sigue asediando, decidí leer entradas antiguas de mi blog. Lo que descubrí fue algo inmensamente conmovedor: me vi reflejada en las etapas más cambiantes y complicadas, me vi a mí misma en innumerables situaciones, y me di cuenta que después de casi cuatro años, no he perdido la esencia que me caracteriza ni las preocupaciones que rondan mi cabeza hasta el día de hoy. Es realmente hermoso darse cuenta que uno ha mantenido quién es, por más que sea necesario el cambio y la madurez, cuando mantienes esas determinadas características que son solo tuyas sientes que eres alguien, que no estás perdido, y que estás llegando a conocerte. Tengo que admitir que esbocé varias sonrisas mientras leía los acontecimientos importantes y cómo me imponía ante ellos, como por ejemplo cuando la universidad me agobiaba con exámenes y cursos que no entendía (entre ellos, Biología), y cómo me apasionaba por pasarlos de alguna manera. Sigo siendo así, no me he perdido en el tedio de vivir sola en una ciudad mucho más liberal que la mía. O si no, cuando me ponía a escuchar trova y Los Beatles para encontrar una similitud temporal entre mis problemas de adolescente que borda la adultez, y las magníficas líricas terrenales de estos compositores. ¡O, sorpresa! Sigo haciéndolo.
Tengo las mismas dudas, los mismos miedos a quedarme sola, la misma desesperanza, el mismo odio por la rutina y los domingos desolados. ¿Quién diría que todavía los sueños me desconciertan, que aún sigo escribiendo poemas cuando veo el momento preciso?
Es realmente imponente saber que aún después de todo este tiempo, después de todos los cambios (físicos y mentales) que han ocurrido en mi persona, sigo siendo yo, pequeña y temerosa, miedosa y necia, soñadora e impulsiva, con un pie 5000000 kms por sobre la superficie lunar y otro pie en la estratósfera. Qué reconfortante es saber que a pesar de mucho, sigo siendo la misma persona de diez y seis años que comenzó a escribir este blog cuando iba a salir del colegio, y no sabía nada acerca de ese mundo exasperante y maravilloso que contiene la vida universitaria, que se manifiesta cuando uno crece.
domingo, 10 de febrero de 2013
Delirios somnolientos
Otra vez es domingo. Tengo que agregar que realmente no sé por qué razón decido escribir justamente estos últimos días. Hoy ha sido uno de esos insoportables lapsus de tiempo en los que he reflexionado demasiado acerca de todo; y cuando me refiero a todo, es a T-O-D-O ¡Qué insoportable resulta a veces pensar! ¿Por qué no puedo vivir como el grueso de las personas de mi edad, es decir ignorante y feliz? Le pondría un stand-by a mi cerebro, le diría algo así como: "Excedió el monto de pensamientos angustiantes y de crisis existenciales, y si lo continúa haciendo, debe saber que está extendiendo cheques sin fondo, lo que es considerado como delito federal hacia la tranquilidad física". De alguna manera, sé que mi cerebro obstinado no haría caso de esta advertencia y seguiría atormentándome como lo hace cada domingo en la noche.
Es momento de recalcar que, definitivamente, estas circunstancias me permiten jugar con mi creatividad. Si tanto detesto los domingos, si me jode absolutamente sentir las calles desoladas, la necesidad patológica de echarme boca arriba a ver televisión, o de comer todo lo que no hice en la semana por seguir el típico pero engañoso: "El lunes empiezo la dieta", es por algo y ese je ne sais quoi debe ser explotado literariamente. Siempre digo que tengo proyectos, pero los dejo incompletos porque no encuentro la motivación para abusar de mi lasciva inspiración. Este tal vez sea diferente, o tal vez finalice como muchos otros: en dos páginas de un cuaderno, con borrones y jamás corregido. De cualquier manera, esto último que planeo será una recopilación de varios domingos a lo largo del tiempo, de cómo fue cambiando la percepción generacional de estos días, y por qué. Todo esto en capítulos cortos, que creo serán cuentos o relatos breves. Veamos cómo me va con esta aspiración mía, ojalá que al menos logre redactar un par de páginas.
En una hora se acaba el domingo, y empieza el lunes, otra semana que tendrá su curso. La vida se me está haciendo cada día más corta.
domingo, 20 de enero de 2013
Coincidencias
Es extraño, la última vez que escribí también era domingo pero yo estaba en Buenos Aires y ahora estoy en mi casa. Estos días en particular han sido un poco fuera de lo común, ya que yo llegué y sentí como si nunca me hubiera ido, como si todo mi entorno se hubiese congelado de tal manera que después de un año sin mí, todo siguiera igual. En fin, fui a la playa, me vi con algunos amigos, y acontecieron ciertos eventos que le dieron cierto sentido del humor a una semana que yo hubiese tildado como sumamente deprimente. Conocí a alguien, pero no sé, luego me escapé locamente y no regresé a mi casa hasta muy tarde (cosa que no suelo hacer cuando vivo en el mismo techo que mi mamá), me reí mucho y me puse a escribir después de mucho tiempo. Creé una historia de la nada , un día al azar cuando estaba aburrida en el trabajo, algún día la publicaré por acá. Espero terminarla eventualmente, ya que realmente me interesó cuando comencé a redactarla.
Creo que eso haré en esta noche de domingo tan poco interesante, en lugar de pensar inevitablemente que mañana será lunes, que un día transcurrirá detrás del otro, y que seguiré siendo yo inmóvil mientras que los días pasan por encima mío, casi sin tener en cuenta mi existencia.
Creo que eso haré en esta noche de domingo tan poco interesante, en lugar de pensar inevitablemente que mañana será lunes, que un día transcurrirá detrás del otro, y que seguiré siendo yo inmóvil mientras que los días pasan por encima mío, casi sin tener en cuenta mi existencia.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Domingos
Odio los domingos porque son los días que más extraño Lima.
Uno no la pasaba bien, pero al menos estaba acompañado.
El almuerzo con la familia, los paseos al parque con mi mamá, las llamadas de los amigos, las películas de la noche, las lecturas del día siguiente, todo ayudaba a que no lo sintiera tanto. Yo siempre los he odiado, hace mucho expliqué por qué en una entrada, pero ahora los aborrezco aún más.
Lo peor de todo no es la tremenda soledad, ni la angustia de empezar otra semana, es el hecho de recordar esos domingos y saber que nunca más van a volver.Mi vida de antes ya no va a existir, mi casa ya no es más mi casa, mis amigos ya no son más mis amigos, mi ciudad ya no es mía. Soy un ser errante, ajeno a todo. Quiero volver, pero no es una opción. Me quedo aquí hasta el final de la carrera y punto.
Lo bueno es que sé que sí voy a volver eventualmente, porque yo le creo a César Miró cuando dice:
"Todos vuelven a la tierra en que nacieron,
al embrujo incomparable de su sol.
Todos vuelven al rincón donde vivieron,
Donde acaso floreció más de un amor.
Bajo el árbol solitario del silencio
Cuántas veces nos ponemos a soñar,
Todos vuelven por la ruta del recuerdo,
Pero el tiempo del amor no vuelve más.
El aire que trae en sus manos,
La flor del pasado, su aroma de ayer,
Nos dice muy quedo al oído
su canto aprendido al atardecer,
Nos dice su voz misteriosa,
de nardo y de rosa,
de luna y de miel:
Que es santo el amor de la tierra,
que triste es la ausencia que deja el ayer".
Uno no la pasaba bien, pero al menos estaba acompañado.
El almuerzo con la familia, los paseos al parque con mi mamá, las llamadas de los amigos, las películas de la noche, las lecturas del día siguiente, todo ayudaba a que no lo sintiera tanto. Yo siempre los he odiado, hace mucho expliqué por qué en una entrada, pero ahora los aborrezco aún más.
Lo peor de todo no es la tremenda soledad, ni la angustia de empezar otra semana, es el hecho de recordar esos domingos y saber que nunca más van a volver.Mi vida de antes ya no va a existir, mi casa ya no es más mi casa, mis amigos ya no son más mis amigos, mi ciudad ya no es mía. Soy un ser errante, ajeno a todo. Quiero volver, pero no es una opción. Me quedo aquí hasta el final de la carrera y punto.
Lo bueno es que sé que sí voy a volver eventualmente, porque yo le creo a César Miró cuando dice:
"Todos vuelven a la tierra en que nacieron,
al embrujo incomparable de su sol.
Todos vuelven al rincón donde vivieron,
Donde acaso floreció más de un amor.
Bajo el árbol solitario del silencio
Cuántas veces nos ponemos a soñar,
Todos vuelven por la ruta del recuerdo,
Pero el tiempo del amor no vuelve más.
El aire que trae en sus manos,
La flor del pasado, su aroma de ayer,
Nos dice muy quedo al oído
su canto aprendido al atardecer,
Nos dice su voz misteriosa,
de nardo y de rosa,
de luna y de miel:
Que es santo el amor de la tierra,
que triste es la ausencia que deja el ayer".
sábado, 22 de septiembre de 2012
En clase
Nos dieron 15 minutos y tres frases para crear una historia. Esto es lo mejor que pude hacer:
Desperté del letargo de una noche somnolienta con la cabeza palpitante y las sábanas rebosantes en sudor. Intenté recordar qué había soñado, y pude recuperar algunas imágenes: varios hombres reunidos en un tribunal, una mujer sosteniéndome los hombros, todos vestidos con largas túnicas azules que a penas dejaban ver sus extremidades.
Yo intentaba pararme, pero la mujer me contenía con fuerza mientras me susurraba al oído: "Se acabó, hoy por fin te unirás a nosotros", "¡No, me niego rotundamente! exclamé temeroso, lo que acarreó que dos hombres me aten a una silla.
Luego, empezó el tribunal, los hombres invocaban a ciertas divinidades que yo desconocía, y me bañaban con líquidos aceitosos. Pude distinguir en las palabras de uno de ellos que eran parte de la orden de los silexianos, adoradores del dios Abraxas, un dios que reúne la bondad y la maldad del mundo.Yo quería escapar, no entendía qué estaba sucediendo.
De pronto, noté que uno de los hombres me estaba desatando mientras que los demás se imbuían en el rito acontecido. Me dijo: "Toma este prisma, y cuando se abra el techo para hacer pasar los primeros rayos del sol, ponlo a contra luz. Solo así escaparás".
Cuando efectivamente abrieron el techo y pasaron algunas luces, elevé el prisma y toda la sala empezó a proyectar espejos, miles de ellos. Lo primero que excitó terriblemente a los silexianos fue el juego de espejos, se poseyeron, empezó a retumbar el caos y el descontrol.
Logré escabullirme de aquel frenesí, y salí victoriosamente. Afuera me esperaba este hombre, alto, etéreo, mi liberador. Me miró, me analizó fijamente, se acercó a mí y me susurró: "Nos salvamos, y mañana aparecerá en los diarios".
Todo se volvió oscuro y ahí estaba yo otra vez, en mi cuarto intentando descubrir si mi experiencia fue o no fue real. Me senté en el comedor, sentí un ruido y vi que el portero me dejaba el diario. No quise leerlo en ese momento, y hasta el día de hoy sigo sin leerlo.
Desperté del letargo de una noche somnolienta con la cabeza palpitante y las sábanas rebosantes en sudor. Intenté recordar qué había soñado, y pude recuperar algunas imágenes: varios hombres reunidos en un tribunal, una mujer sosteniéndome los hombros, todos vestidos con largas túnicas azules que a penas dejaban ver sus extremidades.
Yo intentaba pararme, pero la mujer me contenía con fuerza mientras me susurraba al oído: "Se acabó, hoy por fin te unirás a nosotros", "¡No, me niego rotundamente! exclamé temeroso, lo que acarreó que dos hombres me aten a una silla.
Luego, empezó el tribunal, los hombres invocaban a ciertas divinidades que yo desconocía, y me bañaban con líquidos aceitosos. Pude distinguir en las palabras de uno de ellos que eran parte de la orden de los silexianos, adoradores del dios Abraxas, un dios que reúne la bondad y la maldad del mundo.Yo quería escapar, no entendía qué estaba sucediendo.
De pronto, noté que uno de los hombres me estaba desatando mientras que los demás se imbuían en el rito acontecido. Me dijo: "Toma este prisma, y cuando se abra el techo para hacer pasar los primeros rayos del sol, ponlo a contra luz. Solo así escaparás".
Cuando efectivamente abrieron el techo y pasaron algunas luces, elevé el prisma y toda la sala empezó a proyectar espejos, miles de ellos. Lo primero que excitó terriblemente a los silexianos fue el juego de espejos, se poseyeron, empezó a retumbar el caos y el descontrol.
Logré escabullirme de aquel frenesí, y salí victoriosamente. Afuera me esperaba este hombre, alto, etéreo, mi liberador. Me miró, me analizó fijamente, se acercó a mí y me susurró: "Nos salvamos, y mañana aparecerá en los diarios".
Todo se volvió oscuro y ahí estaba yo otra vez, en mi cuarto intentando descubrir si mi experiencia fue o no fue real. Me senté en el comedor, sentí un ruido y vi que el portero me dejaba el diario. No quise leerlo en ese momento, y hasta el día de hoy sigo sin leerlo.
Tardes
Hay tardes terriblemente adormecedoras, en las que el cuerpo se moldea al sofá y la mente se ensordece por el sonido intermitente de la televisión; Yo detesto esas tardes.
Odio los días de pereza, los días de sol en el claustro, el cambio de colores al atardecer, y el sinsabor de las horas reflexivas.
Por otro lado, el afuera tampoco me llama la atención, solo hay un conglomerado resonante de personas sometidas al influjo de sus vidas. Yo también soy así, no me gusta reparar en lo que está a mi alrededor, sino que me gusta pensar, fantasear, crear pequeños cuentos en la parada de bus.
Aún así, hoy es un día de absoluto reposo mental. No pretendo pensar, no pretendo discutir.
Odio los días de pereza, los días de sol en el claustro, el cambio de colores al atardecer, y el sinsabor de las horas reflexivas.
Por otro lado, el afuera tampoco me llama la atención, solo hay un conglomerado resonante de personas sometidas al influjo de sus vidas. Yo también soy así, no me gusta reparar en lo que está a mi alrededor, sino que me gusta pensar, fantasear, crear pequeños cuentos en la parada de bus.
Aún así, hoy es un día de absoluto reposo mental. No pretendo pensar, no pretendo discutir.
lunes, 10 de septiembre de 2012
No puedo pensar en una historia
No puedo pensar en una historia, porque mi mente dejó de absorber fantasías. Me he vuelto pálida, terrenal, sumamente recelosa de la realidad, y he perdido toda capacidad de explayarme entre palabras. Siento que los dedos se hunden en mi pecho debido al vacío. Ahí ya no hay nada, ni el más mínimo ápice de lo que antes habitaba. Dejó de bombear el órgano, y solo está aquel otro llenándome de pensamientos, de cotidianidades, de vida adulta, de responsabilidades, de medios de transporte, de dinero y de falta de éste. ¿Por qué no puedo dormir quince días seguidos y tener un millón y medio de sueños? Porque no se puede partir a un mundo sin dejar las cosas resueltas en el original.
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